Xica da Silva, la esclava rica

En la casa de Diamantina, Brasil, donde vivió la mayor parte de su vida Xica da Silva, una placa la recuerda cómo una “negra que gozó de los privilegios concedidos a blancos poderosos”. Miles fueron las historias de esclavas negras vendidas a hombres blancos en el Brasil del siglo XVIII, aún colonia del Reino de Portugal. Pero pocas como la de Xica da Silva, un personaje que sigue en la actualidad enormemente arraigado en la cultura popular brasileña.

Xica nació esclava en 1732 en el pueblo de Serró, en el rico Estado de Minas Gerais, que surtía de diamantes y piedras preciosas a la corona portuguesa. Hija de la también esclava María da Silva y del portugués Antonio Caetano, de adolescente fue vendida a Manuel Pires Sardinas, sargento, médico y propietario de tierras en la localidad de Diamantina, donde la esclava viviría ya el resto de su vida. Con Pires tuvo Xica su primer hijo a los 19 años.

El sargento volvió a vender a Xica a otro hombre, José da Silva. Y este a su vez, la volvió a vender en 1753 al portugués João Fernandes de Oliveira, con quien comenzaría la vida que finalmente la hizo tan conocida.

Oliveira llegó a Diamantina para asumir la importante función de comendador de los diamantes, cargo que heredó de su padre y que según cuentan las crónicas, lo convirtió en un hombre más rico que el Rey de Portugal. Un año después de la venta, Oliveira le concedió la libertad a Xica. Tenía 22 años. Pero Xica siguió conviviendo con Oliveira como su concubina. Liberada o no, las opciones de una negra nacida esclava en aquella época no eran demasiadas. Oliveira y Xica vivieron juntos 15 años y tuvieron 13 hijos, todos reconocidos por su padre, algo muy poco habitual en la época. Ese tipo de relación era corriente en aquel momento. Lo que no era tan corriente es que fuera pública y notoria, como fue el caso.

En 1770 Oliveira volvió a Portugal con sus cuatro hijos varones mulatos, que recibieron educación superior, ocuparon puestos importantes en la administración del Reino y recibieron títulos de nobleza, algo excepcional en aquel tiempo.

Mientras, Xica permaneció en Diamantina con sus hijas mulatas, que recibieron la mejor educación que recibían entonces solo las muchachas blancas de alto nivel social. Internas en un colegio religioso, aprendieron a leer, escribir, calcular, coser y bordar. Algunas permanecieron en el centro y se hicieron religiosas. El resto solo salió para casarse con hombres prominentes.

Como era de esperar, las leyendas, rumores y mentiras sobre Xica da Silva fueron numerosos: su belleza, su apetito sexual ilimitado, su fama de devora hombres de extendió por el Estado. Pero nada más lejos de la realidad. Cuando los amantes se separaron, a Xica nunca más se le conocieron amantes o parejas. Oliveira le dejó a Xica muchas propiedades y dinero. Y ella, sola y sin el amparo de su pareja, dedicó la fortuna a introducirse en la cerrada sociedad local y comportarse, vestirse y actuar como lo hacían las señoras blancas de alta posición.

El prestigio económico y social lo determinaba entonces la pertenencia y aportación económica a las Hermandades Religiosas, separadas por razas. Xica pertenecía a cuatro: las Hermandades de San Francisco y del Carmo, exclusivas para blancos.  Y las de la Mercês, solo para mulatos y la del Rosario, hermandad de negros.

Así, Xica logró disfrutar de los privilegios que solo tenían las señoras blancas, incluyendo la posesión de esclavos para atender su casa. Y a pesar de ser una concubina negra, logró respeto, prestigio y reconocimiento social. Al fallecer, en 1796, fue sepultada dentro de la iglesia de San Francisco de Asís perteneciente a la más importante hermandad local, un privilegio exclusivo de los blancos ricos.

Xica Da Silva sigue siendo un personaje tremendamente popular en Brasil. Su vida -o las fabulaciones sobre su vida- han generado multitud de obras literarias y piezas de cine, teatro y televisión y la representación de su imagen es habitual en los famosos carnavales brasileños.

Xica fue esclava de al menos tres hombres. Sospecho que también fue esclava de los convencionalismos sociales de los blancos. De su historia se pueden extraer muchas conclusiones. Entre ellas, que el dinero diluye el racismo.

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